La oruga procesionaria, un peligro para nuestro perro o gato

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En este artículo os explicaremos todo lo que necesitáis saber sobre la procesionaria y aprovecharemos para daros algunos consejos y precauciones que podáis tomar durante los paseos por zonas donde sospechéis la existencia de orugas. También os explicaremos cómo deberíais actuar en caso que creáis que vuestro perro haya tocado o ingerido una.

¿Qué es la oruga procesionaria?

La procesionaria es un lepidóptero nocturno cuyo nombre científico es Thaumatopea pytocampa. Coloquialmente se conoce como oruga del pino o procesionaria ya que recibe su nombre gracias a su característica forma de desplazarse durante una determinada fase de su vida.

Su ciclo biológico empieza al final del verano cuando las mariposas salen de la tierra y son fecundadas por los machos. Éstas depositan sus huevos en formas de cápsulas en las agujas de los pinos. Pasadas 4 semanas salen las orugas las cuales pasarán por cinco estadios larvarios. A partir del segundo estadio dispondrán de su capacidad urticante y en el tercero es cuando construirán los nidos de color blanco que típicamente podemos ver entre las ramas de los pinos. Durante el invierno permanecen protegidas en estos bolsones ya que en su interior se mantienen unas temperaturas más agradables que les permite seguir comiendo del árbol y desarrollándose.

El riesgo para nuestras mascotas y nosotros llega con la primavera ya que con la subida de las temperaturas todas las orugas migraran en procesión bajando por el tronco hacia el suelo para enterrarse y formar las crisálidas de donde saldrán las mariposas al final del verano para así reiniciar su ciclo vital.

¿Dónde solemos encontrar las orugas procesionarias?

Las procesionarias las solemos encontrar en los bosques de coníferas (pino, abeto, ciprés) pero cada vez más las vemos en parques o jardines cercanos a ciudades. Su densidad va aumentando debido a las condiciones climáticas actuales que han favorecido su expansión. Por tanto no sería de extrañar encontrárnoslas al salir a pasear por la montaña aunque no fuera una zona muy alejada de las ciudades. Nos podremos guiar mirando las copas de los árboles para localizar los típicos bolsones.

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¿Por qué las orugas provocan estas reacciones?

Las orugas procesionarias presentan unos pelos a lo largo de su cuerpo que sueltan al sentirse en peligro o amenazadas. Estos pelos se asemejan a pequeños dardos en los cuales encontramos una toxina llamada taumatopenia que al liberarse y contactar con cualquier parte de nuestro cuerpo o de nuestras mascotas provocan una potente reacción inflamatoria. Tienen una estructura que dificulta que se caigan con facilidad una vez clavados prolongando así esta potente reacción inflamatoria en la zona afectada.

¿Cuándo se puede producir el contacto?

La procesión que marcan las orugas en los caminos de los bosques es lo que suele llamar la atención a nuestras mascotas que intentarán acercarse a olisquear, jugar o incluso cogerlas con la boca. Pero también se puede producir el contacto a través de los nidos caídos donde encontraremos una alta densidad de pelos urticantes. La presencia de viento también puede hacer volar a los pequeños pelos que podrán acabar contactando con la piel, mucosas y más frecuentemente los ojos provocando así el mismo tipo de reacción.

Síntomas en perros y gatos de la picada de la oruga procesionaria

  • Nerviosismo, inquietud.
  • Degluciones continuas.
  • Intentar tocarse la boca con las patas, agitar la cabeza o restregarla por el suelo o entre nuestra piernas.
  • Hipersalivación (babeo)
  • A los pocos minutos podremos observar inflamación de la lengua y labios que pueden dificultar el cierre de la boca.
  • Inflamación de la cara.
  • Jadeo, sobretodo por el dolor.
  • Presencia de vómitos en caso de haber ingerido la oruga, pudiendo aparecer también asfixia por inflamación de la glotis.
  • Pasada una hora podemos encontrarnos con un tono azulado en la lengua y mayor inflamación en las diferentes estructuras de la boca.
  • Si no actuamos podemos incluso llegar a detectar signos de dificultad respiratoria, fiebre, convulsiones y llegar incluso a la muerte tras presentar un cuadro de respuesta inflamatoria sistémica.

Lesiones provocadas por la picada de la oruga procesionaria

Las lesiones más frecuentes las encontramos en una localización oral y puede afectar tanto a la lengua como a los labios. Inicialmente encontraremos lesiones erosivas y ulcerativas que según el tratamiento aplicado podrán evolucionar a una curación con o sin secuelas o a la aparición de consecuencias más graves.

En caso que los pelos sean arrastrados por el viento encontraremos mayoritariamente afecciones oculares. Estas pueden afectar sólo los párpados o en casos más graves las diferentes estructuras del ojo.

Si a parte de intentar lamer la procesionaria lo que ha realizado el perro es olfatear lo que nos encontraremos será una rinitis aguda.

Los casos más graves suelen ser cuando se produce la ingesta de la oruga ya que podemos llegar a tener signos sistémicos más importantes y donde más probablemente pueda peligrar la vida de nuestra mascota.

 

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¿De qué depende la gravedad de las lesiones?

Su gravedad, evolución y pronóstico dependerá mayoritariamente de la parte del cuerpo afectada, la intimidad del contacto y la precocidad del tratamiento.

En caso de lesiones locales pueden evolucionar hacia la muerte del tejido y su posterior pérdida. A veces la curación de estas lesiones pueden representar semanas de cuidados de diferentes grados según su gravedad.

¿Qué podemos hacer mientras llevamos a nuestra mascota al veterinario?

Lo primero que debemos hacer es separar a nuestra mascota de la zona donde estén las orugas para evitar el riesgo de nuevos contactos que podrían empeorar las lesiones.

Ponernos guantes y lavar la zona afectada. Podemos lavar la lengua o la zona afectada con agua caliente (vigilar que no queme) ya que inactiva la toxina.

Es importante realizar el lavado sin frotar ya que podríamos provocar la rotura de más pelos y por tanto la liberación de más toxina empeorando así el cuadro clínico.

Al lavar lo que debemos procurar es que el perro no trague el agua administrada para que no ingiera posibles pelos urticantes. Debemos intentar arrastrar esos pelos hacia el exterior. Nos podemos ayudar con una jeringa situándola en el lateral de la boca y dirigiéndola hacia la punta de la lengua.

Podemos repetir la acción con cualquier otra zona que sospechemos afectada.

Es importante acudir al veterinario de forma urgente ya que una rápida actuación puede ser fundamental para controlar el cuadro y diminuir las posibles complicaciones que puedan aparecer.

El tratamiento para la picada de la oruga procesionaria en perros y gatos

Una vez lleguemos al veterinario lo más rápido posible ellos se encargaran de proporcionar a nuestra mascota el mejor tratamiento que variará en función de la gravedad del cuadro. El tratamiento puede variar des de la aplicación de corticosteroides de acción rápida juntamente con un protector de estómago y un antibiótico hasta la necesidad de tener que dejar hospitalizada a nuestra mascota para poderle ofrecer una terapia más intensiva de sostén con la administración de fluidos intravenosos, analgesia y nutrición parenteral hasta que el animal sea capaz de alimentarse por sí mismo. En determinados casos el tratamiento pude alargase entre 15 a 30 días.

¿Qué podemos hacer como prevención?

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Una forma de evitar su contacto es evitar pasearnos por zonas donde exista la presencia de orugas durante los meses de febrero-abril, aunque en algunas zonas también es posible detectarlo hacia el mes de enero. O pasear con correa para poder controlar donde está nuestra mascota y evitar así al máximo el posible contacto.

Debemos saber que a nosotros también nos pueden provocar los mismos síntomas así que en caso necesario es importante protegerse con guantes, gafas y mascarilla para disminuir el riesgo de contacto.

Si encontramos estos nidos en nuestra propia casa lo recomendable es avisar a una empresa que se encargue de eliminarlos. Se puede realizar una fumigación con ayuda de agentes químicos o eliminar manualmente los nidos antes de la aparición de las orugas. En caso de quererlo hacer nosotros mismos debemos protegernos bien los ojos y las manos y hay que tener cuidado a la hora de retirar los nidos y vigilar que no caigan al suelo ya que se podrían esparcir todos los pelos. También es importante no realizarlo en un día con viento.

Lo que si está totalmente desaconsejado es tirar los nidos con tiros o golpes ya que sería la mejor forma de esparcir los pelos urticantes.

Si vivimos en una zona alejada podemos comentarlo con nuestro veterinario de confianza para que nos aconseje alguna medicación para tener en el botiquín de nuestro perro y usarlo en caso de emergencia.